Sala Historia de la Artillería
Helicoptero BO105
Restos Arqueológicos
Ya hablamos con anterioridad de la torre de los Trastámara, de la que dijimos llamarse así por ser nueva construcción de esta dinastía. Según expone Fernando Aranda en su libro Otros rincones del Toledo desaparecido, la citada torre era también conocida como “torre del atambor” o “torre del homenaje”, y consistía en un bastión a modo de torre albarrana, esto es, torre exenta del edificio principal, del que la separa un vacío que hace las veces de foso defensivo. Al parecer esta edificación se estructuraba en diferentes niveles que disminuían en tamaño según ganaban altura. El acceso a la torre se realizaba por una única abertura localizada a la altura de las almenas del edificio principal; esta entrada se cerraba mediante una puerta articulada en la parte inferior que al abatirse salvaba el foso que separaba la torre del cuerpo central. Una vez cerrada la puerta, quedaba la torre como reducto inexpugnable, de ahí que se considerase torre del homenaje.
Al ser considerada defensa principal del antiguo edificio y dada su ubicación estratégica sobre la antigua alcazaba y sobre la ciudad, debía ser el lugar perfecto para que las órdenes que hubieran de trasmitirse a la guarnición se dieran desde esta torre, por eso recibió el nombre de torre del atambor (nombre que recibió el tambor hasta el siglo XVIII). Hay que recordar que hasta la irrupción de la corneta las órdenes se transmitían a través del toque del tambor.
Pero además de lo anteriormente expuesto, hoy queremos explicar a través de ella la intensa relación que unía a la ciudad de Toledo con nuestro Alcázar.
El Conde de Cedillo en su Informe sobre los honores que deben tributarse al Pendón Real de esta Ciudad, nos dice que desde el reinado de Juan II o bien desde los Reyes Católicos, el pendón de la ciudad de Toledo se enarbolaba desde la torre del homenaje o del atambor con ocasión de la proclamación de un nuevo soberano. Así queda reflejado en las actas municipales. El corregidor tremolaba el pendón Real desde el balcón del ayuntamiento y después lo llevaba a caballo y «escoltado por lucido séquito» hasta la catedral, donde era bendecido en el altar mayor. Procesionaba a continuación por la ciudad y se dirigía al Alcázar, a cuyas puertas el corregidor requería la presencia del alcaide, a quien entregaba el pendón, y este último, tras cerrar las puertas, «lo subía a la torre del homenaje, quedando atado a las almenas de ella».
Esta ceremonia continuó haciéndose, incluso con el cambio de dinastía, hasta 1724, cuando el consistorio acordó que, visto el estado lamentable del Real Alcázar y que no había alcaide ni teniente suyo, ya no se podía poner en él el pendón Real. Efectuada la proclamación del Rey, la bendición y paseo del pendón por la ciudad, éste se exponía en «las Casas de Ayuntamiento».
Sabemos que la torre de los Trastámara fue demolida en 1537 cuando se iniciaron las obras del nuevo Alcázar, por lo que suponemos que la función de torre del atambor o torre del homenaje sería transferida a otra torre de la fachada norte, con seguridad a la más próxima a la ciudad.
Arx Toletum