9 de enero de 1887: Fuego en el Alcázar, las llamas que dejaron una profunda huella en la historia de Toledo
9 de enero de 1887: Fuego en el Alcázar, las llamas que dejaron una profunda huella en la historia de Toledo
El 9 de enero de 2025 se cumplen los 137 años de un gran incendio que casi destruyó por completo el Alcázar, la fortificación civil y militar vinculada por todos los costados a la historia de Toledo, en cuya evolución ha pasado, de ser palacio, a acoger actualmente el Museo del Ejército y la Biblioteca Regional de Castilla-La Mancha.
En llamas se encontraba el Alcázar de Toledo el 9 de enero de 1887, cuando uno de los incendios que ha sufrido este edificio, el más devastador, provocaba que fuera pasto de las llamas la reconstrucción que había llevado a cabo cinco años antes el general marqués de San Román, para instalar allí la Academia General Militar.
El Alcázar de Toledo fue sede de la Academia General Militar en su nacimiento, durante el decenio 1883-1893, y fue durante ese periodo, concretamente el 9 de enero de 1887, cuando se produjo el devastador incendio que arrasó prácticamente las instalaciones del edificio que acababa de ser restaurado. La reforma del marqués de San Román tuvo su origen, además, en otro incendio de 1810, durante la invasión francesa, pero este nuevo incendio de 1887 conllevó un riesgo que hubiera sido inasumible, por los cargamentos de pólvora que custodiaba el Alcázar y que podrían haber supuesto unas consecuencias fatídicas para la ciudad de Toledo.
Según los archivos que se conservan de la época, el fuego fue muy virulento durante tres días, y su extinción completa no se produjo hasta pasado un mes.
El entonces director de la Academia General Militar, general Galbis, ante la virulencia de las llamas y para preservar a los cadetes, ordenó tocar generala y desplazar a los alumnos al vecino museo de Santa Cruz. Pero un grupo reducido de cadetes (24) incumplió las órdenes y saliendo de la formación combatieron las llamas con grave riego de sus vidas, al internarse en el polvorín que amenazaba el Alcázar y la ciudad. Ante la actitud rebelde pero solidaria de los cadetes, se dice que el general Galbis comentó a las personas que estaban con él: «¡Pero qué bravos son estos chicos. Habrá que perdonarles que alguna vez no me obedezcan, pero se lo diré, vaya si se lo diré!».
¡Y claro que se lo dijo! En la Orden de la Academia del día 21 de enero fueron nombrados los veinticuatro alumnos que “desobedecieron” las órdenes dadas, añadiendo el general: “Me parece justo hacer público su comportamiento, digno de todo elogio, aun cuando demostraron que podían arrostrar mi enojo”.
Un siglo antes de este fatídico incendio, en 1710, y durante la Guerra de Sucesión, el Alcázar ya había sufrido otro incendio de importantes dimensiones, que lo dejó prácticamente en ruinas.
La efeméride de los 137 años del incendio de 1887 da pie a repasar la historia de este monumento, declarado "Bien de Interés Cultural (BIC)", que ha sido testigo de innumerables acontecimientos históricos, desde los árabes como moradores, que le dieron el nombre de "Al Qasar" (traducido como fortaleza), hasta la actualidad, en la que es sede del Museo del Ejército del Ministerio de Defensa, y de la Biblioteca Regional de Castilla-La Mancha.
Sin embargo, la existencia de una biblioteca en esta fortificación civil y militar es incluso anterior al gran incendio de 1887, ya que en 1878 se habilitó una zona como biblioteca a cargo de la Academia de Infantería, que se trasladó al Alcázar en 1875 y que funcionó hasta el gran incendio nueve años después.
En 1998 se inauguró la Biblioteca Regional de Castilla-La Mancha tal y como la conocemos hoy, en la planta superior del Alcázar, dependiente de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes de la Junta de Comunidades, y se ha convertido en el centro bibliotecario más importante de la comunidad autónoma.
Además de biblioteca, esta fortaleza acoge también el Museo del Ejército desde el año 2010, cuando fue trasladado desde Madrid, donde se creó como resultado de la fusión de diversos museos militares, creados a lo largo del siglo XIX y principios del siglo XX, con el objetivo de la conservación y difusión de los objetos relacionados con la historia militar.
Pero hasta llegar a tener sus funciones actuales -museo y biblioteca-, siglos de historia y episodios destacados de la misma han pasado en este edificio cuadrangular, y entre sus características, sobresalen cuatro torres de 60 metros de altura.
Su ubicación en pleno casco histórico de Toledo supone una privilegiada situación que le ha dado valor estratégico en diferentes épocas, si bien también ha sufrido incendios y múltiples restauraciones a lo largo de los siglos hasta tener el aspecto actual.
Su primer uso fue como palacio romano en el siglo III, donde tras la conquista de la ciudad se estableció el Pretorio, y durante la época visigoda el rey Leovigildo estableció en él su capitalidad en el año 568.
Alfonso VI, Alfonso VII, Alfonso VIII y posteriormente Fernando III el Santo y Alfonso X el Sabio también dejaron su impronta en el edificio, y fue este último el que mandó construir las cuatro torres que hacen de esquinas del Alcázar, así como también reformaron su interior Pedro I el Cruel, Enrique I, Juan II, Enrique IV y los Reyes Católicos.
Ya en la Edad Moderna, Carlos I se alojó en el Alcázar, al que también modificó grandemente y convirtió en su palacio.
En 1774 el arzobispo Francisco de Lorenzana propuso su restauración tras el primer incendio (el de 1710).
En la visita al Museo del Ejército, no sólo se pueden conocer las colecciones de armas, artillería, municiones, uniformes, insignias y otros muchos objetos militares, sino también otras dependencias, el exterior y el interior del edificio, y el patio de Carlos V.