Sala Historia de la Artillería
Helicoptero BO105
Restos Arqueológicos
La historia de los Estados Unidos de América ha sido relatada principalmente por los descendientes de las Trece Colonias inglesas que declararon su independencia del Reino Unido de Gran Bretaña un 4 de julio de 1776. Es por ello que el papel de los españoles en el surgimiento de esta nación pasó desapercibido, aunque siempre hubo voces norteamericanas que reclamaron la importancia del legado hispano.
A finales del siglo XIX, algunos escritores como Charles Fletcher Lummis se sorprendieron del alcance de la exploración española de América, calificada como "la más grande, la más larga y la más maravillosa serie de proezas que registra la Historia". Otros autores estadounidenses, dejando atrás los prejuicios fraguados contra España, han puesto en valor una historia compartida que merece conocerse y comprender en su contexto.
En esta muestra temporal organizada por el Museo del Ejército, el visitante tiene la oportunidad de adentrarse en un espacio expositivo donde se presentan de manera sintética tres momentos históricos de esa estrecha relación entre España y los Estados Unidos.
En la primera parte nos adentramos en un "TIEMPO DE EXPLORACIONES: LEYENDAS TRAS LA LEYENDA", dedicado a las expediciones españolas hacia el actual territorio estadounidense. La búsqueda de tierras ricas en metales preciosos animó a los españoles a reconocer las regiones americanas que se hallaban a mayor latitud, llegando con el paso del tiempo a adentrarse hacia lugares tan significativos como el río Misisipi, el cañón del Colorado o, ya en el siglo XVIII, la Alta California y Alaska. Estas expediciones fueron espoleadas por las leyendas de ciudades míticas, el afán de riqueza y sentido del honor de los primeros exploradores, que recorrieron enormes distancias a través de una geografía agreste, habitada por grupos tribales no siempre dispuestos a aceptar la acción civilizadora hispana. Al final, los españoles acabaron protagonizando una empresa de gran envergadura y prolongada en el tiempo.
La segunda parte, titulada "TIEMPO DE CONSOLIDACIÓN: LA DIFÍCIL VIDA EN LA FRONTERA NORTE DEL MUNDO HISPANO", se consagra a la estrategia de ocupación y control de una frontera salvaje que los españoles trataron de defender con escasos recursos. La colonización de los territorios que hoy conforman los Estados Unidos avanzó muy lentamente hasta el siglo XVIII. Fue la época del presidio y de la misión, de los soldados de cuera y de los frailes caminantes, unos hombres y mujeres que dieron consistencia a ese limes hispano de Norteamérica, llevando las formas de vida y la religión cristiana a un espacio inhóspito, proclive al mestizaje, en el que podían convivir en paz amerindios y europeos, y en el que, en otras ocasiones, la guerra podía estallar en cualquiera de sus combinaciones. Pero a pesar de los conflictos y de los defectos del modelo civilizador hispano, su legislación referente a los nativos fue "incomparablemente más extensa, más comprensiva, más sistemática, y más humanitaria que la de Gran Bretaña, la de las colonias y la de los Estados Unidos todas juntas", como vuelve a recordarnos Lummis.
La última parte de la exposición nos lleva al "TIEMPO DE REVOLUCIONES: EL NACIMIENTO DE UN GIGANTE" y se centra en el papel de los españoles y sus ejércitos durante la Revolución Americana. Siendo el Reino Unido el principal rival de la monarquía española en el siglo XVIII, parecía lógico que España auxiliara a los rebeldes de las Trece Colonias al levantarse contra su metrópoli. Sin embargo, esta ayuda se realizó en secreto, enviándose equipo militar, vestuario y medicinas para el Ejército Continental de George Washington a través de los gobernadores de la Luisiana. La declaración formal de guerra en 1779 permitió a Bernardo de Gálvez llevar a cabo sus brillantes campañas en el Bajo Misisipi y en la Florida occidental, allanando el camino para el éxito estadounidense. Terminada la Revolución Americana nacía un gigante que, como intuyó el conde de Aranda, constituía una amenaza para el futuro de las posesiones españolas en Norteamérica, aunque la Paz de París selló, por el momento, el final de la guerra y consolidó los lazos de amistad entre el primer presidente estadounidense George Washington y el monarca Carlos III de España.
LA ENTRADA A LA EXPOSICIÓN TEMPORAL ES GRATUITA