Hasta
el siglo XV los castillos, de los que hay en España unos 2.500, fueron prácticamente
inexpugnables. Sólo la traición, la sorpresa o el hambre eran capaces de
rendirlos.
A mediados de dicha centuria las armas de fuego y sobre todo la artillería, ya habían alcanzado notable perfección en todos los sentidos. Los cañones de grueso calibre y los morteros, aunque lentos y pesados aún, eran capaces de abrir brechas en los muros, facilitando así el posterior avance de la infantería sitiadora. Consecuencia lógica e inmediata: un cambio radical en los sistemas de fortificación, que sólo conservaron el viejo criterio, siempre vigente, de la posibilidad de defensa en todas las direcciones.
En consecuencia se hacía preciso:
-Perder altura en torres y murallas para no dar "facilidades" a la artillería de sitio enemiga.
-Contar con un obstáculo verdaderamente activado y difícil de superar, cual era el foso de circunvalación, inundado de agua o no.
-Poder batir de flanco al enemigo que intentase el asalto.
El Renacimiento también se ocupó de estas cuestiones y mentes tan preclaras como las de Alberto Durero y Leonardo da Vinci pusieron su ingenio y arte al servicio de los príncipes europeos. A modo de ejemplo citamos aquí un párrafo de la obra de Marco Rosci Leonardo: "Tal como demuestran los bocetos del Códice B y de Madrid II, las concepciones de Leonardo eran parecidas y tan actualizadas como las de los arquitectos Moro, Valentino y Jacobo Appiani: torreones y bastiones bajos, macizos, en escarpa, casamatas, trincheras y empalizadas delante de los verdaderos muros". En el Madrid II puede leerse: "... los torreones deben ser bajos y cubiertos de bóveda gruesa y roma en fuerte ángulo obtuso, para que esquiven los golpes laterales". Aquí radicaba la preocupación fundamental. La degradación de alturas está razonada al pie de otro de los bocetos: "... por tantas líneas como el defensor pueda ofender a su ofensor; por esas mismas el ofensor podrá ofender al dicho defensor".
Parece lógico suponer que don Tiburcio Spanochi, italiano de origen, como ya hemos señalado, hubiera estudiado con mucha atención las nuevas tendencias nacidas en Milán y en Florencia, no siendo ajeno a las teorías de Leonardo da Vinci. Sin duda el comendador sacaría eficaz partido de todas ellas.
La
"planta poligonal" parece obedecer a la necesidad de tener que hacer máximo
empleo de los fuegos de flanco por parte del defensor. Y nuestro Castillo de San
Pedro es un claro y magnífico ejemplo de ello. En los esquemas que acompañan a
este modesto trabajo podrá el lector comprobar, sin esfuerzo excesivo, nuestras
afirmaciones al respecto.
Este tipo de fortalezas tuvo gran valor hasta bien entrado el siglo XVIII,
siendo verdaderas obras geométricas en las que se determinaba el valor de los
ángulos y medidas en función de los alcances de las armas de fuego de la
defensa. El célebre ingeniero militar y ministro Vauban llegaría a establecer
una serie de reglas para atacarlas, a las que se oponía destacando fuera de las
murallas nuevas obras de defensa, de forma que el conjunto resultaba ser una
complicada serie de polígonos estrellados concéntricos, no desprovistos de
cierta belleza formal. Queda claro, pues, que el famoso ministro del rey Sol no
fue el inventor del sistema "poligonal" sino que, conociéndolo bien,
se ocupó de perfeccionarlo, aumentando el número de anillos poligonales
estrellados.
El castillo de Figueras (Gerona), por ejemplo, es una clara muestra
de cuanto aquí apuntamos.
Durante el siglo XVI el tipo de ciudadela "poligonal" fue muy empleado en los Países Bajos. Si se disponía de agua en cantidad sus fosos eran inundados. El duque de Alba construyó una en Amberes que fue demolida en 1577. Asimismo, en la ciudad de Lieja se completó otra que tiene la particularidad de ser exactamente igual a la de Jaca, siendo ambas las únicas que hoy en día se conservan al completo en el mundo, si bien la belga rodeada de edificaciones que afean el conjunto. También la antigua fortificación de Pamplona, actualmente semidestruida, pertenece al mismo tipo. En el continente americano llegaron a construirse varias ciudadelas parecidas, destacando entre ellas el conocido fuerte de San Felipe, en el puerto del Callao de Perú.