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miércoles 28 de mayo de 2025

Nombre: 02

En la Academia de Infantería de Toledo

Inauguración Escultura al cadete Afán de Ribera

Acto enmarcado dentro de las actividades previstas para la celebración del 175 Aniversario de la Creación del Colegio de Infantería

Escultor explica obra (Foto OC Acinf)

Escultor explica obra (Foto OC Acinf)

Foto Institucional de la entrega (Foto OC Acinf)

Foto Institucional de la entrega (Foto OC Acinf)

Escultura Cadete Afán de Ribera (Foto OC Acinf)

Escultura Cadete Afán de Ribera (Foto OC Acinf)

La figura del cadete Juan Vázquez Afán de Ribera, está muy ligada a la Academia de Infantería como ejemplo de cadetes y de infantes desde hace mucho tiempo. De hecho, si uno visita el Alcázar de Toledo, antigua sede de esta Academia, en el patio de Carlos I puede contemplar una gran placa con la que el Arma de Infantería quiso homenajear a su héroe en el primer centenario del nacimiento al cielo de tan joven e ilustre infante. En dicha placa, se escenifica como la Patria, representada por una bella mujer, acoge en su regazo al hijo que por ella ha entregado su vida, con una preciosa inscripción que reza: “a los que mueren por su patria les acoge la inmortalidad”.

Ya más recientemente, en esta Academia es fácil encontrar reproducciones de la preciosa acuarela con la que nuestro pintor de batallas, Augusto Ferrer Dalmau, ha representado a nuestro cadete combatiendo duramente contra el invasor, sin embargo, se adolecía de una representación de porte acorde a la importancia del personaje. Afortunadamente y gracias al talento y la generosidad del Coronel Julio Romay los alumnos de esta casa ya tienen su “ejemplo de cadetes” en el que mirarse diariamente.

Es de destacar la perfección con la que el autor ha representado las características físicas de nuestro héroe y que son bien conocidas gracias a la descripción que hizo su madre cuando desesperadamente lo buscaba tras la jornada del 2 de mayo de 1808:  «Cadete de la segunda compañía del tercer batallón de Voluntarios de Madrid, de doce a trece años, uniforme azul con vueltas negras, chaleco blanco, pantalón de gamuza con pieles, botas, sombrero redondo con escarapela encarnada, presilla, cordones y charretera de oro; estatura regular, bien parecido, redondo de rostro, rubio obscuro, algo gordito, sonrosado, con un diente roto y habla andaluza».

Además el coronel Romay  ha querido representarlo en el momento en el que da su vida por España, pudiéndose percibir perfectamente en la postura  del cuerpo, la expresión de sufrimiento en el rostro y el visible impacto de un disparo en su pecho, momento cumbre en la vida de todo aquel que ha jurado dar la vida por la Patria e inmejorable ejemplo para los alumnos de un centro de formación. Como dato curioso, en la mano izquierda del cadete puede verse un papel enrollado, guiño que hace el autor a la novela de Arturo Pérez-Reverte “Un día de cólera” donde nuestro protagonista aparece como correo portando mensajes por las calles de un Madrid en armas.

En 1908, con ocasión de la inauguración de la placa conmemorativa en el Alcázar, un pariente del difunto héroe se dirigía al Ministro de la Guerra en los siguientes términos: “Me congratulo del homenaje que se le rinde, pues las Naciones no solo son grandes cuando cuentan con héroes y sabios que las enaltecen, sino cuando estos son perpetuados en su memoria, glorificándolos, para estímulo de las generaciones venideras”. Que así sea.