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Reportaxes do Boletin Terra

jueves 19 de marzo de 2020

Número: 7899

Sevilla

Un sargento 1º del Regimiento de Artillería Antiaérea nº 74 salva a un niño que estuvo cinco minutos bajo el agua

 

Fotografía oficial del sargento 1º Pesquera

Fotografía oficial del sargento 1º Pesquera

El sargento 1º Pesquera –destinado en el Regimiento de Artillería  Antiaérea nº 74, en la base “El Copero” (Sevilla)– se encontraba el 14 de marzo en su domicilio en Alcalá de Guadira (Sevilla), cuando su mujer, que estaba en el patio, entró alarmada porque algo le estaba pasando a Jacob, el hijo de sus vecinos. Cuando salió a la puerta, escuchó los gritos con los que pedían ayuda. Rápidamente, el militar se dirigió a la otra casa, donde encontró a la madre llorando desconsolada y sentada en un escalón con el pequeño, de apenas un año y medio, inmóvil en el regazo. “Le pedí que pusiera al niño en el suelo y le tomé el pulso, estaba morado con los ojos medio en blanco; todavía tengo esa imagen en mi cabeza”, recuerda el sargento 1º.

Mientras tanto, el padre le contaba que habían estado buscando al niño por la casa y cuando le encontraron, llevaba cinco minutos sumergido en el agua de un pequeño estanque con peces que tienen, al que se había caído. Pesquera realizó al menor la maniobra de reanimación cardiopulmonar durante dos minutos con sumo cuidado, ya que al ser tan pequeño, si apretaba mucho, podía partirle una costilla; mientras su mujer avisaba al 112.

Cuando, finalmente, Jacob reaccionó, le colocó en posición de seguridad para que expulsara el agua que había tragado. Posteriormente, situó su brazo por debajo de la cadera del niño para que estuviera un poco inclinado y así echase todo el líquido, y cuando terminó, le abrió las vías para que no se obstruyeran. El pequeño comenzó a llorar y, tanto el sargento 1º como la madre, respiraron aliviados porque veían que Jacob estaba bien. “Traté de seguir con la calma y pedí que le trajeran ropa seca para cambiarle”, cuenta.

Otro vecino alarmado también había avisado a la ambulancia, que se dirigía hasta el lugar. Cuando llegó, le llevaron al hospital, donde Jacob permaneció en observación hasta el día siguiente, que pudo volver a casa.

“Ha sido impactante porque mi mujer y yo hemos visto crecer a este niño; todavía se me ponen los pelos de punta al pensar en lo que podía haber pasado”, relata Pesquera. Por eso, el día que Jacob regresó, su padre se acercó al militar para darle un abrazo y decirle que nunca podrá agradecerle lo suficiente que haya salvado la vida de su hijo. Este sargento 1º asegura que todo salió bien gracias al Ejército y “lo que me ha enseñado, como los cursos de primeros auxilios, por los que, gracias a ellos, un niño sigue vivo y sus padres pueden seguir viviendo”, concluye.