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Museoa Militarrak
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Tras una larga alianza entre Francia y España, fruto de los Pactos de Familia entre las dos ramas de la familia Borbón y la necesidad de contrarrestar el poderío naval británico, la ejecución del rey Luis XVI por los revolucionarios franceses condujo de nuevo a los países vecinos a la guerra en 1793.
La monarquía española, abocada a formar parte de la primera coalición europea contra la naciente República francesa, emprendió contra ella la llamada Guerra de los Pirineos o de la Convención, también conocida, en Cataluña, como Guerra Gran o Guerra del Rosellón, por ser este condado su principal escenario, aunque también hubo operaciones militares en el Pirineo aragonés y vasco-navarro.
En el frente catalán el mando recayó en el General Antonio Ricardos y más tarde en el Conde de la Unión. Tras una primera derrota española en 1794 en el Roure y la rendición de la fortaleza de San Fernando de Figueras sin intentar siquiera la defensa, las fuerzas españolas, al mando del General Urrutia, consiguieron contener a los revolucionarios en el río Fluviá (1795).
Esta guerra tuvo en ambos bandos un marcado carácter ideológico, siendo esencial en el español el concurso de los migueletes, levantados en nombre de la tradición –Iglesia y Monarquía- contra las doctrinas revolucionarias del francés. Los migueletes, tropas de gran movilidad, llevaron a cabo una labor muy efectiva, hostigando la retaguardia enemiga y entorpeciendo sus líneas de abastecimiento en una guerra de guerrillas que sería el precedente más cercano de la practicada, años después, en la guerra de Independencia.
No obstante, en el frente vasco-navarro los ejércitos franceses llegaron a ocupar Vitoria y Bilbao antes de consignarse la paz de Basilea (1795), tras la que el rey Carlos IV se vio obligado a volver de nuevo a la órbita de Francia por el tratado de la Granja de San Ildefonso (1796).



