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Ministerio de Defensa
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Reportajes del Boletín de Tierra

jueves 2 de abril de 2020

Número: 7916

En primera persona, contra el COVID-19

'No me considero un héroe, solo soy un militar que cumple con su trabajo'

El cabo 1º Prieto, durante una desinfección

El cabo 1º Prieto, durante una desinfección

El equipo lo componen un tcol., un cabo y él

El equipo lo componen un tcol., un cabo y él

Fue un día como hoy, 1 de abril, pero hace justamente treinta años, cuando el cabo 1º Prieto, perteneciente a la Agrupación de Apoyo Logístico nº 61, ingresó en el Ejército de Tierra. Tres décadas más tarde, el militar vive este aniversario involucrado en la operación 'Balmis'

«No me considero un héroe, solo soy un militar que cumple con su trabajo», reitera seguro de que lo que hace forma parte de su deber. Pero lo cierto es que, desde el 20 de marzo, ha participado en la desinfección de siete residencias, un centro de salud y bases y acuartelamientos de las provincias de Salamanca, Ávila y Valladolid. Lo ha hecho integrado en el equipo veterinario que compone junto al teniente coronel Ayuso y el cabo Conde. Para ellos solo tiene palabras positivas: «Los tres contamos con formación y experiencia previas en este ámbito, que ahora, en este tipo de situación, nos resulta de gran utilidad».

Precisamente, la labor de apoyo que están desempeñando estos tres militares en geriátricos es fundamental, ya que los mayores son los que se están llevando la peor parte de la pandemia mundial. No les importa el tamaño que pueda tener el municipio en el que actúan, solo les interesa que en todos ellos hay personas que están esperando su ayuda. Entre las últimas actuaciones, el 30 de marzo, participaron en la desinfección de la residencia de mayores Proyecto Esperanza, en la localidad abulense de Padiernos, de aproximadamente trescientos habitantes.

«El alma se te cae a los pies. Muchos de ellos son personas dependientes», lamenta el cabo 1º Prieto. Aunque, en la mayoría de los casos, por seguridad, no pueden ver a las personas que allí residen, son los propios trabajadores quienes les reciben entre aplausos a su llegada. Recuerda su actuación, el 20 de marzo, en la residencia Casa de Beneficiencia de Valladolid como uno de los momentos más duros, ya que se habían producido fallecimientos en ella. «Nunca había vivido algo así», a pesar de que ya acumula treinta años de servicio y ha estado desplegado en Kosovo, Líbano o Afganistán. Al mismo tiempo, señala que ante una situación de este tipo no se está libre de los miedos: «Cuando llegas a casa y tus hijos intentan acercarse a ti, temes poder contagiarles algo, a pesar de que cumplimos en todos momento con los protocolos y las medidas de seguridad».

A sus 49 años tiene claro que este es su sitio, que la actividad que realiza es una parte más de su obligación como militar y que, para eso, es para lo que se instruye a diario en su unidad. «Estaré donde me manden, cumpliendo con mi obligación y las horas que sean necesarias. Eso no es ser un héroe, y lo digo con el corazón», manifiesta.

Su historia es solo un ejemplo de todos los militares -de la operación “Balmis”- que estos días contribuyen a prestar su ayuda contra la expansión del coronavirus en toda España.