PRESENCIA PAPAL EN EL MUSEO DEL EJÉRCITO

  

 Detalles del báculo del Papa Pío IX - MUSEO DEL EJÉRCITO
Detalles del báculo del Papa Pío IX - MUSEO DEL EJÉRCITO

Entre los fondos del Museo del Ejército los hay que gozan de un gran mérito artístico, otros que poseen un incuestionable interés crematístico y después están aquellos que sin alcanzar a los anteriores atesoran un gran valor simbólico o sentimental. Ese último es el caso de los objetos a los que nos referiremos hoy: el báculo y medalla del Papa Pio IX y la medalla conmemorativa de la campaña de Italia que se exponen en las salas dedicadas al Estado Liberal. Pero la pregunta que suscita su presencia es ¿por qué hay objetos papales en el Museo del Ejército?

Para encontrar la explicación debemos remontarnos a mediados del siglo XIX, época convulsa en Europa. En 1848 recorrió todo el continente una fiebre revolucionaria reclamando mayor libertad y democracia, es la conocida "primavera de los pueblos". Aquel fervor revolucionario alcanzó también la península italiana.  Se produjeron levantamientos en varios puntos de su geografía, incluida Roma, capital de los Estados Vaticanos, donde se proclamó la república, obligando a Pio IX a abandonar su sede y refugiarse en Gaeta.

Aquella ciudad acogió una conferencia en la que, cuatro de las potencias intervinientes, decidieron constituir una coalición de fuerzas para el restablecimiento del papado en la jefatura de los Estados Pontificios. Estas potencias fueron: Francia, el imperio Austro-Húngaro, el reino de Nápoles-Dos Sicilias y España.

Hay que tener en cuenta que nuestro país se había consumido en una guerra fratricida de la que acababa de salir, la primera guerra carlista; a pesar de ello se realizó un esfuerzo importante y se envió a tierras italianas una expedición al mando del general D. Fernando Fernández de Córdoba y Valcárcel compuesta por alrededor de nueve mil hombres, según palabras del propio general en sus memorias: “exiguo cuerpo de ejército, a la verdad, si se compara con los que operaban en Italia, pero se componía de aguerrida tropa con entendidos jefes y oficiales”.  La expedición se prolongó desde finales de mayo de 1849 hasta principios del año siguiente.

Lo cierto es que la empresa española no obtuvo mucho reconocimiento en nuestro país y ha sido casi olvidada por la historia, todo ello porque el contingente español no llegó a entrar en combate, fueron las tropas francesas las que finalmente asaltaron Roma y devolvieron al Papa el poder sobre los Estados Pontificios. Sin embargo, aunque algunos tachan la operación como fracaso, lo cierto es que el Reino de España alcanzó con aquella intervención algunos resultados ciertamente favorables: internamente, desbarató uno de los pilares del carlismo por el que se proclamaba único defensor del catolicismo, en el exterior volvió a aparecer en el concierto internacional tras las derrotas de Hispanoamérica, aunque fuera como potencia de segundo orden, y lo más importante, la intervención sirvió para restablecer las relaciones Madrid-Roma que estaban muy deterioradas tras la implantación de las políticas liberales de los gobiernos españoles. Este nuevo clima de entendimiento posibilitó la firma del Concordato con la Santa Sede de 1851.

En recuerdo a aquella expedición el museo expone, entre otros fondos, el báculo de palosanto con incrustaciones de nácar de Pio IX y una de las medallas de bronce de la campaña que “fueron repartidas a todos los individuos que componían los cuerpos austriacos, francés, napolitano y español”.

 

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