Pendón de la Santa Hermandad de Toledo. MUSEO DEL EJÉRCITO
La colección de vexilia del Museo del Ejército engloba no sólo banderas, sino también banderines, estandartes, guiones y pendones, hasta superar los 2.500 fondos. Las piezas más antiguas conservadas pertenecen al siglo XV, entre ellos se encuentra el pendón de la Santa Hermandad Vieja de Toledo, datado en 1517.
Se trata de un pendón verde, de seda, algodón e hilo metálico, sembrado de haces de flechas doradas, en alusión a los ballesteros de la Santa Hermandad Vieja de Toledo. En el centro del anverso, aparece el escudo de la Imperial ciudad de Toledo. En el reverso, se encuentra el escudo adoptado tras la toma de Granada por los Reyes Católicos. Mide 140 cm por 127 cm.
La Santa Hermandad Vieja de Toledo fue fundada en el siglo XIII con el objetivo de proteger los caminos, montes y bienes forestales del extenso terreno situado entre los ríos Tajo y Guadiana que, tras la BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA , quedó abandonado a merced de ladrones, bandidos y asaltadores de caminos, denominados golfines.
El rey ALFONSO VIII concedió privilegios a los miembros de la Santa Hermandad, que fueron confirmados en 1220 por su nieto el rey FERNANDO III EL SANTO, que ordenó la creación de Hermandades similares en Talavera y Ciudad Real entre 1300 y 1302. Los reyes Fernando IV y Alfonso XI asentaron las bases jurídicas de las mismas.
En 1476, los Reyes Católicos, en las Cortes de Madrigal, reunieron las hermandades locales en una institución nueva llamada La Santa Hermandad Nueva, aunque en 1498 la Corona la suprimió, empero se mantuvieron las hermandades locales. Ésta era la encargada de determinar las penas y los castigos a los golfines y para ello contaba con una jerarquía organizada que fue ganando en poder y que estaba habitualmente constituida por colmeneros, cazadores, leñadores, ballesteros, pastores y demás profesiones relacionadas con el campo. La Hermandad contaba con sus propios medios humanos para mantener el orden, entre los que destacaban los denominados cuadrilleros, que eran probablemente así llamados por el uso de flechas terminadas en una punta metálica de sección cuadrangular llamadas quadrillos. Estas tropas de a pie y a caballo trabajaban bajo las órdenes de un tribunal que juzgaba en procesos sumarios muy a menudo, razón por la cual la Hermandad era respetada y temida.
Los sucesivos reyes potenciaron sus privilegios hasta la llegada de su decadencia con los BORBONES, cuando las Hermandades apenas servían para vigilar montes y colmenas sin apenas competencias en procesos judiciales. Fue la reina ISABEL II la que definitivamente disolvió las Hermandades en un decreto firmado el 7 de mayo de 1835.