Retrato de Juan Martín Díez, “el Empecinado”, de coronel brigadier del Regimiento de Húsares de Guadalajara. Museo del Ejército
Paseando por la Historia del Ejército, me llamó la atención el retrato de un brigadier de caballería. La cartela rezaba: “Juan Martín Díez. El Empecinado”. Recordé la vida de aquel guerrillero y soldado, mil veces expuesto al peligro, que no supo evitar el destino cruel que la política le deparó.
Benito Pérez Galdós lo describió como “una organización hecha para la guerra, un cuerpo de bronce que encerraba la energía, la resistencia y el arrojo frenético del Mediodía, junto con la paciencia de la gente del Norte”.
Nacido en Castrillo de Duero (Valladolid) en 1775, en el seno de una familia de labradores, Juan Martín participó con dieciocho años en la Guerra del Rosellón. Finalizado el conflicto, regresó a la labranza. Era conocido como “El Empecinado”, sobrenombre común a los naturales de Castrillo, por la pecina (cieno negro) del arroyo Botija.
En febrero de 1808, tras la entrada de Murat en Madrid, Martín comenzó su actividad guerrillera interceptando correos franceses en Honrubia. Fue detenido y encarcelado en El Burgo de Osma, aunque logró escapar y reanudó sus operaciones en Salamanca. En noviembre, el general Moore le reconoció como combatiente, y desde entonces atacó a los franceses en tierras de Segovia.
La Junta Central le reconoció como comandante de la “Partida de Descubridores de Castilla la Vieja”, con sueldo de teniente de Caballería. Pronto, la Junta de Sigüenza solicitó sus servicios para organizar la defensa de Guadalajara, llegando a reunir trescientos jinetes y doscientos infantes. Tras la ocupación francesa de La Alcarria, operó en Cuenca, cruzando el Tajo para hostigar sus comunicaciones.
Entre 1809 y 1810, mientras José I trataba de ocupar Andalucía, El Empecinado dificultaba las conexiones entre Aragón, Valencia y Madrid. En febrero de 1810 formó dos batallones de infantería y tres escuadrones de caballería. Tras la ocupación de Sigüenza por el general Hugo, dispersó sus fuerzas y atacó el aprovisionamiento enemigo. Fue ascendido a coronel en agosto.
La Regencia integró su guerrilla en el ejército regular como la V División del II Ejército de Blake. En 1812 hostigó la retirada francesa y contuvo su avance hacia Madrid. El 12 de agosto entró en la capital antes que Wellington. En 1813 destacó en la defensa de Alcalá de Henares, ganando la Cruz de San Fernando. Además, con su división bloqueó la retirada de los franceses en Tortosa, manteniéndolos sitiados hasta la firma de la paz en 1814.
Fernando VII le otorgó el título oficial de “El Empecinado” y le ascendió a mariscal de campo. Sin embargo, cayó en desgracia y fue desterrado a Valladolid. Durante el Trienio Liberal (1820-1823) fue gobernador militar de Zamora, pero tras la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis y la revolución realista, se replegó hacia Extremadura, combatiendo en su retirada. Tras asaltar Cáceres, cruzó la frontera y se refugió en Portugal.
Amnistiado en 1824, regresó a España. Sin embargo, fue apresado en Olmos de Peñafiel, trasladado a Roa, juzgado y condenado por su participación en los hechos de Cáceres, acaecidos días después de la proclamación de la amnistía. El 19 de agosto de 1825 fue ahorcado.
En 1843 sus restos fueron trasladados con honores militares a Burgos, donde hoy descansan en un monumento erigido en su memoria.