Boina del general RAMÓN CABRERA, conde de Morella.
En mi paseo por la Historia del Ejército, una boina carlista atrajo mi atención. Miré la cartela: “Boina del Capitán General carlista Ramón Cabrera y Griñón, Conde de Morella.” Es la boina que usó “El Tigre del Maestrazgo” en la segunda guerra carlista.
Ramón Cabrera Griñó. Conde de Morella, nació en Tortosa (1806) y murió en Wentworth (Gran Bretaña 1877).
Terminada la primera guerra carlista, Cabrera, en Francia, fue recluido en Ham, después en la ciudadela de Lille y por último en Lyon en 1841.
Carlos (V) abdicó en su hijo Carlos Luís (VI), conde de Montemolín, en 1845, para facilitar su matrimonio con la reina Isabel. Los liberales, Francia e Inglaterra se opusieron. La boda de la reina Isabel con su primo Francisco de Asís de Borbón en 1847, fue el detonante de la segunda guerra carlista. Los carlistas se reunieron en Inglaterra, y en España, diversas partidas se alzaron en distintos puntos, pero fueron dispersadas por los isabelinos excepto en Cataluña, donde arraigaron en la llamada guerra de los “matiners”.
Al año siguiente, Cabrera siguiendo las órdenes de su Rey cruzó la frontera y se unió a los sublevados y pronto reunió un ejército de diez mil hombres. En 1849, la falta de recursos, le obligaron a pasar a Francia para reunirse con el Rey y conocer las acciones a tomar. Fue detenido en la frontera por los gendarmes franceses, y sus seguidores desmoralizados se internaron en Francia poniendo fin a la segunda guerra carlista.
Marchó a Londres donde se reunía con la aristocracia conservadora y conoció a Marianne Catherine Richards, con la que se casó en 1850.
En 1860, los carlistas prepararon un desembarco en San Carlos de la Rápita (Tarragona), Cabrera lo desaconsejó, pero participó en su financiación y ofreció sus servicios. El general Ortega, capitán general de Baleares, realizó el desembarco, con él iban el conde de Montemolín y su hermano Fernando. La operación fracasó. Ortega fue fusilado y los dos hermanos fueron obligados a abdicar de sus derechos a cambio de salvar la vida y su libertad. Don Juan, hermano de Montemolín, consideró que recaían en él los derechos al trono, pero sus tendencias liberales contrariaban los principios carlistas, y estos presionaron a Montemolín para que revocara su abdicación.
La princesa de Beira, viuda de Carlos (V), desde Trieste defendió los derechos de su familia y los principios del carlismo y escribió frecuentemente al conde de Morella, para mantenerle al tanto de la situación del partido.
Ante la Revolución de 1868, el joven don Carlos convocó en Londres un consejo de personalidades que le respaldaban, y fue aclamado oficiosamente como rey con el título de Carlos (VII). Cabrera, que no asistió por estar convaleciente, se manifestó disconforme porque don Juan no había abdicado. Los moderados se acercaron a Carlos (VII) y revitalizaron la causa carlista, su influencia y actividad política.
Cabrera, referente para los carlistas y para cuantos apoyaban la causa, fue llamado a dirigir el partido en 1869. Un año más tarde, el conde de Morella presentó su dimisión por las intromisiones de don Carlos y las desconfianzas mutuas. Don Carlos convocó una asamblea, para dejar constancia del apartamiento de Cabrera y de la asunción personal de la dirección del partido, iniciando una campaña contra Cabrera presentándole como desafecto y liberal.
En 1872 se inició la Tercera Guerra Carlista, en las provincias vascongadas, Navarra, Cataluña y El Maestrazgo. Cabrera no participó.
En 1874, el príncipe Alfonso de Borbón llegó a la academia militar de Sandhurst, próxima al lugar de residencia del conde de Morella, y le realizó algunas visitas de cortesía.
Tras la Restauración, Cánovas retomó el contacto con el conde de Morella buscando la paz. Cabrera aceptó reconocer a Alfonso XII a cambio de la conservación de los grados del ejército carlista y del mantenimiento de los fueros. Enterado Carlos (VII) del acuerdo, declaró a Cabrera traidor, desposeyéndole de sus grados, títulos y condecoraciones ganados en el campo carlista. Alfonso XII se los restituiría después.
El héroe murió solo y desengañado el 24 de mayo de1877, pero con el consuelo de la pacificación traída por la Restauración.