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Formulario de Búsqueda
Exèrcit de Terra
Ministerio de Defensa
Exèrcit de Terra

Ejército de Tierra

Escudo de Armas del IHCM

INSTITUTO DE HISTORIA Y CULTURA MILITAR

Museus Militars

Museo Histórico Militar de Valencia

Indice del Museo:

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En esta sala podremos encontrar tres maquetas de la guerra hispanoamericana de1898 en la cual se perdieron las últimas colonias españolas: Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
La primera maqueta corresponde al bombardeo de la escuadra norteamericana sobre la ciudad de San Juan de Puerto Rico, el 12 de mayo de 1898. En esta acción el Almirante Sampson pretendió tomar la ciudad suponiendo que en su bahía se refugiaba la Armada del Almirante Cervera, aunque esto no era así. La ciudad respondió con sus baterías bravamente haciendo desistir del intento a la Armada norteamericana.

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La siguiente maqueta corresponde a la batalla de las lomas de San Juan y el Caney, de Santiago y la disposición de los últimos combates realizados en esa fecha junto a la misma ciudad. En el extremo derecho, en la parte superior, vemos el poblado de El Caney, que fue defendido por 500 españoles y asediados por más de 6000 (la proporción era en este caso más de 10 a 1).
En este poblado se produjo la heroica defensa del General Vara del Rey, que murió en el combate. En las lomas de San Juan la desproporción fue mayor, en este caso de 15 a 1, pero los soldados españoles se defendieron con abnegación y valor. El número de bajas fue superior en el Ejército Norteamericano que en el ejército Español; no obstante, debido a la proporción de fuerzas, la conclusión fue la pérdida de Santiago y, con ella, la capitulación del Ejército Español y la pérdida de la Isla.
También podemos ver la maqueta que representa el sitio de Baler, localidad a 232 kilómetros al noroeste de Manila, cabecera del llamado distrito Príncipe, con una población aproximada de 1900 habitantes, fue el escenario de uno de los episodios más singulares de la guerra del 98, donde un puñado de hombres resistieron durante 337 días el asedio de los insurrectos tágalos en la iglesia de dicha localidad.
Cincuenta hombres del Batallón Expedicionario nº2 al mando del Teniente D. Juan Alonso y del Teniente D. Saturnino Martín Cerezo, llegaron a Baler el 12 de Febrero de 1898 con la misión de relevar a la compañía mandada por el Capitán Roldán, con ellos viajaba el Capitán de las Morenas como nuevo Comandante Político Militar del distrito y el médico provisional de Sanidad Militar D. Rogelio Vigil de Quiñones.
Ya en Octubre del año anterior (1897) otro destacamento, al mando del Teniente Mota, había sufrido un asalto en el que resultaron muertos el Teniente y 9 soldados. El frágil acuerdo de Biacnabactó puso un breve paréntesis a las hostilidades que se reanudaron firmemente en Junio.

 

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El 27 de dicho mes, ante los acontecimientos que se avecinaban, todo el destacamento se refugió en la iglesia del pueblo, única construcción sólida, haciendo acopio de todos los víveres y municiones con que contaban. Se izó la bandera española en el campanario y allí permaneció con los hombres que la defendieron hasta el día de la capitulación.
El 18 de octubre de 1898 moria de beri-beri el Teniente Alonso Zayas Jefe del Destacamento y el segundo Teniente Martín Cerezo tomó el mando del mismo.
Muchos fueron los intentos de asalto, los intentos de engaño para que el destacamento se rindiera y muchos los intentos vanos de mostrar la cruda realidad, Manila había caído en manos de los norteamericanos el 7 de agosto y el 12 de diciembre se firmaba el tratado de paz en París.
Pero aquellos soldados, completamente aislados, sufriendo la escasez de alimentos, el azote de las enfermedades tropicales, los continuos hostigamientos y asaltos, el castigo psicológico de verse encerrados en un recinto de no más de 300 m2, siempre vigilantes y faltos de sueño, no capitularon hasta el 2 de junio de 1899. En ese día el Teniente Martín Cerezo leyó uno de los supuestos periódicos falsificados que dos días antes le entregara un emisario y en él la noticia del destino a Málaga de uno de sus compañeros de armas, ese dato no lo podían inventar los tágalos y comprendió que todo se había perdido.
En Baler dejaron sus vidas 14 soldados, el Capitán de las Morenas, el Teniente Alonso y el párroco de la iglesia que con ellos se refugió.
Entre los 31 soldados supervivientes cuatro eran valencianos: Emilio Fabregat Fabregat, natural de Salsadella; Loreto Gallego García, natural de Requena; Ramón Boades Tormo, natural de Carlet y Ramón Ripollés Cardona, natural de Morella.
Este es el relato y, como dice el Teniente Martín Cerezo en su libro El sitio de Baler "Mucho supone en el fragor de la batalla el ataque a la batería formidable; mucho el cruzarse con las bayonetas enemigas; pero aún hay algo más pavoroso, irresistible y difícil en la tenaz resistencia del que, una hora y otra hora, un día y otro día, sabe luchar contra la obsesión que le persigue: sostenerse tras la pared que le derriban y no ceder a los desfallecimientos del cansancio.
Tal es el mérito de los defensores de Baler, de aquella pobre iglesia, donde aún seguía flameando la bandera española diez meses después de haberse perdido nuestra soberanía en Filipinas.
Los que hablan de fantasías, que mediten; los hombres de corazón, que lo valoren."

 

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