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Bosnia Herzegovina: El punto de partida
20 de julio de 2011
El pasado 15 de noviembre SM el Rey recibió en la base aérea de Torrejón a la última unidad y con ella a la última enseña nacional que ondeó en un destacamento español en aquel rincón de Europa. Este hito, el cierre de una misión después de 18 largos años, no puede ni debe pasar desapercibido para el Ejército de Tierra. Al contrario, nos debe servir para, sin nostalgias, echar la vista atrás y darnos cuenta de lo mucho que para nosotros ha significado esta experiencia.
A finales de los ochenta el gobierno de España, por entonces presidido por Felipe González, decidió la participación de militares españoles en misiones de Naciones Unidas: Angola, Mozambique y Namibia recibirían los primeros contingentes, pequeños grupos de profesionales que partían bajo la expectación de todo un país, conscientes de que representaban al conjunto de las Fuerzas Armadas y de que materializaban un gran paso después de tantos años ausentes del escenario internacional.
A éstas siguieron Centroamérica, El Salvador, tal vez las misiones de mayor éxito en la historia de NNUU y en las que los españoles tuvieron un papel estelar, y Haití, todas ellas con observadores militares, y así llegó Bosnia Herzegovina: UNPROFOR.
Antes de seguir, quiero rendir tributo a nuestros compañeros caídos. Fueron las primeras bajas en operaciones, en el cumplimiento de las nuevas misiones en el exterior, bajas muy dolorosas, como todas, pero en muchos casos heroicas y como tales han sido reconocidas al cabo de los años. Muertes que llenaron de luto a familias, al Ejército y a España, que así reconocía su sacrificio.
En 1992 la comunidad internacional se reponía de shock producido por la caída del Muro, en España vivimos los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla, dos eventos a través de los cuales se asomaron al mundo dos magníficas ciudades, el nuevo AVE y otras renovadas infraestructuras y que dejaron una gran cosecha de medallas y la imagen de nación, moderna, desarrollada, abierta y europea. Y así, mientras de puertas adentro mirábamos al siglo XXI, los primeros efectivos del Ejército de Tierra partían hacia los Balcanes para adentrarse en un conflicto decimonónico, una guerra donde se invocaba la limpieza de raza, los nacionalismos y la religión, y marchaban conscientes de que la nueva España sólo se conformaba con "medallas de oro".
El Ejército de entonces se encontraba inmerso en el denominado Plan Norte, un ambicioso y duro proceso de reorganización interna que buscaba, como la sociedad española, la transformación necesaria para afrontar la nueva realidad internacional y el nuevo siglo. Proceso de transformación que demandaba una importante dotación económica y al que las circunstancias acabaron imponiendo las limitaciones presupuestarias que tantas veces nos han acompañado. El Ejército de los noventa se veía cada vez más implicado en nuevas misiones y en más organizaciones internacionales: OTAN, NNUU, UE, OSCE y la complejidad y lejanía de los escenarios demandaban más profesionalización, mejores órganos de planeamiento, nuevo material y equipo, más personal con idiomas, nueva logística, mejores comunicaciones...
Desde el comienzo de la misión quedó patente nuestra excelente preparación y sólida formación profesional y moral. Ambos aspectos básicos para poder cumplir los objetivos que, dependiendo de las circunstancias, se nos han ido encomendado. Además, allí demostramos nuestra versatilidad, adaptación a los escenarios, imaginación, lealtad y empatía hacia nuestros aliados y, especialmente, nuestras dotes para acercarnos a la población civil, que siempre nos ha recibido con los brazos abiertos.
En Bosnia adecuamos nuestros procedimientos, en aquel complejo escenario tuvimos que emplear desde la fortificación propia de la guerra de trincheras, a las comunicaciones vía satélite. Aprendimos técnicas de negociación, nos habituamos al uso de los intérpretes, a los que tanto debemos, y a la colaboración con todo tipo de actores, desde las complejas "partes en conflicto" a agencias nacionales e internacionales: diplomáticos de distintas delegaciones y organizaciones, Agencia Española de Cooperación Internacional, Cruz Roja, Alto Comisionado para los Refugiados y otras agencias de Naciones Unidas, ONGs. De la misma forma, nos habituamos a las visitas de comisiones de parlamentarios, de empresarios de distintas naciones y de los representantes de los Medios de Comunicación Social. Fue a través de los Medios como la sociedad española supo del alcance de nuestra misión, se interesó por ella y, se produjo un cambio en la forma de ver al Ejército.
lo que se tradujo en el respaldo de instituciones, asociaciones y particulares que, desinteresadamente, siguieron y apoyaron nuestro trabajo, a la vez que hicieron llegar su solidaridad en forma de ayuda de todo tipo por gran parte de la sociedad española
En los Balcanes hemos incorporado conceptos como EMAT, ROLE, CIMIC, PIO, POLAD, INFOPS, PSIOPS, PRPs, NICs, MORAL & WELFARE... Nos hemos acostumbrado a ver con nosotros a la Guardia Civil, cumpliendo misiones de carácter militar, a personal del CNI, a los variopintos equipos de apoyo al mando, en los que se encuadraban cada vez más especialidades: intendentes, jurídicos e interventores que debían gestionar a una, varias legislaciones: nacional, de la organización y del país anfitrión, psicólogos, páter, tantos y tantos colaboradores imprescindibles en el complejo mundo de las operaciones multinacionales.
Nos llegó la profesionalización y sobre todo, la incorporación plena de la mujer a nuestras filas. Dos procesos a priori complejos que entre todos nos encargamos de resolver con absoluta normalidad y por los que, aún hoy, parte de nuestra sociedad y algunos ejércitos aliados se siguen interesando. Multiplicamos exponencialmente el nivel de idiomas, en especial inglés, establecimos sistemas para asimilar experiencias y mejorar procedimientos, desarrollamos un nuevo concepto de medicina de campaña, mucho más operativa y cercana, a la vez que presenciábamos el triste declinar de nuestro Cuerpo de Sanidad, recibimos nuevos materiales, empezando por el fusil de asalto, aunque en otros campos la evolución no haya sido igual, en BMR llegamos y a bordo de él nos replegamos. Los ingenieros han visto diversificar su ámbito de actuación: construcción de modernas bases, helipuertos, refugios, obras de todo tipo en apoyo a la población civil y la desactivación de artefactos explosivos que tantas vidas ha salvado y así podríamos repasar una a una especialidades, servicios y apoyos.
En este tiempo no cabe duda que hemos madurado. La sociedad española en su conjunto ha dado un espectacular salto adelante y nosotros hemos compartido esa experiencia y a la vez hemos vivido la nuestra propia, la que nos ha llegado de la mano de nuestras salidas y que nos ha permitido ver, conocer, comparar y valorar otras latitudes, otras culturas, otras realidades, otros ejércitos, otras instituciones, lo que sin duda nos ha engrandecido como personas y enriquecido como militares profesionales.
No quiero finalizar sin agradecer el reconocimiento general de los españoles, que mes a mes nos premian distinguiéndonos como su Institución más valorada, según reflejan los resultados del Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas. Es muy digno de mención el trabajo de los medios de comunicación social, que tanto ha contribuido a difundir esa buena imagen, el apoyo de empresas y particulares que a través nuestro han querido hacer llegar un rayo de esperanza a quienes tanto lo necesitan y, sin desmerecer lo anterior, pero muy especialmente, el coraje de nuestras familias para soportan ausencias y angustias, para crecer y salir adelante día a día sin la presencia de la madre, el padre, la mujer o el marido, con el único alivio de la diaria llamada telefónica que ha evolucionado de la siempre insuficiente comunicación telefónica, a la videoconferencia, aún reconociendo que mucho deberíamos avanzar en este campo, para ponernos al nivel de nuestros aliados.
Tras este análisis no dudo en situar en Bosnia Herzegovina el punto de partida del Ejército de hoy. Allí dejamos vidas y esfuerzos, hicimos amistades y un pedazo de Mostar, Sarajevo, del Neretva, Trevinje, Stolac, Jablanica, Medjugore o Dubrownik estará siempre en nuestro corazón por muchas razones, pero por encima de todas, porque allí nos descubrimos a nosotros mismos y desde allí se nos empezó a ver como lo que somos, el Ejército moderno, desarrollado, abierto y europeo que España merece.
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