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Ejército de Tierra

Reportatges del butlleti "Tierra"

martes 2 de junio de 2020

Nombre: 7988

Mensaje del jefe de la Inspección General del Ejército

IGE: 15 años de servicio

Escudo de la Inspección General del Ejército

Escudo de la Inspección General del Ejército

En un Ejército con Regimientos de 500 años de antigüedad, decir que se cumplen 15 puede sonar atrevido y hay que hacerlo con la más absoluta humildad. Pero es así: un Real Decreto de 2002 estableció el abandono de la estructura territorial y la implantación de otra funcional y operativa, y definió la estructura del ET en Cuartel General, Fuerza y Apoyo a la Fuerza; una Orden Ministerial de 2003 creó la Inspección General del Ejército como parte del Apoyo a la Fuerza, pero no fue hasta el 1 de junio de 2005 cuando la Inspección General del Ejército (IGE) inició su andadura al entrar en vigor la estructura funcional de nuestro Ejército.

A excepción de la Dirección de Acuartelamiento (DIACU), todas sus unidades orgánicas le ganan en antigüedad. Las USBA/USAC se crearon a mediados de los años 80, herederas muchas de ellas de las Unidades de Servicios/Destinos de las Compañías de Plana Mayor Regimentales. Las RLM son continuadoras de las antiguas Residencias Militares de Plaza o de Unidad. La Dirección de Infraestructura, con antecedente en 1940, llevaba funcionando desde 1977 integrada primero en el Mando Superior de Apoyo Logístico y luego en el Mando de Apoyo Logístico del Ejército. Y sus Comandancias de Obras (COBRA), sin duda las más antiguas de nuestra estructura, tienen sus orígenes en las Comandancias de Ingenieros creadas en el siglo XIX, a partir de 1843.

No obstante el cambio hacia un Ejército funcional, la IGE mantiene una estructura de carácter territorial. El despliegue de la Dirección de Infraestructura y la DIACU, con Áreas de Responsabilidad Geográfica para sus COBRA y sus Subinspecciones Generales del Ejército, facilita el apoyo en permanencia, la relación con autoridades civiles y la contribución a operaciones en territorio nacional, como en la actual operación “Balmis”.

La Inspección General del Ejército es esa organización de 6.500 efectivos que vela por los 65.000 componentes totales del Ejército de Tierra, ese 10% cuya misión es facilitar la operatividad del 90% restante, de las unidades, centros y organismos alojados en nuestras instalaciones, para que puedan desarrollar a plena satisfacción sus actividades de preparación, docentes, logísticas, técnicas, administrativas o directivas.

Con competencias en todo el territorio nacional –y también en nuestras bases en Líbano, Irak y la Antártida–, gestiona más de 900 propiedades militares y es responsable de lo que podríamos llamar “logística de guarnición”, es decir de la vida y funcionamiento de 100 grandes bases y acuartelamientos, que albergan a Unidades de la Fuerza, y de 256 establecimientos que incluyen Cuarteles Generales, Centros de Enseñanza, Campos de Maniobras, Centros Logísticos, Polvorines, Centros Deportivos, Museos, Archivos, Bibliotecas, etc. Asimismo la IGE lleva el control patrimonial de más de 550 predios de diverso tipo y entidad, desde cementerios, parcelas, pistas militares o antiguos refugios, hasta baterías de costa o centros de transmisiones desactivados.

“Espíritu de servicio” es lo que anima a los hombres y mujeres de la IGE, plenamente conscientes de que la “excelencia técnica”, el “trabajo en equipo” y el “noble compañerismo” deben guiar siempre su actuación. Todos ellos saben que las unidades deben recibir los mejores servicios de acuartelamiento y disponer de las mejores infraestructuras, sin olvidar que la seguridad de BAE, la prevención de riesgos laborales y la protección medioambiental son también áreas de responsabilidad de primer orden.

Siempre que visito a nuestras unidades les recuerdo que la IGE trabaja en un segundo plano, que no somos protagonistas de nada, que lo son las unidades a las que servimos, y que sus éxitos son, en parte, los nuestros. Detrás de una actuación destacada en zona de operaciones, en un ejercicio multinacional, o en una acción de apoyo o colaboración con autoridades civiles, hay siempre un trabajo constante, callado y eficaz de una unidad de la Inspección General del Ejército.

También les digo que no esperen grandes reconocimientos ni agradecimientos; ese es el sino de los “servicios”, para los que la expresión “íntima satisfacción del deber cumplido” cobra todo su significado.

Desde estas líneas envío mi más cordial felicitación y sincera gratitud a todo el personal militar y civil de la IGE, a la vez que reafirmo nuestro firme compromiso con el Ejército, con las condiciones de vida y trabajo de sus componentes, y con la operatividad de sus unidades.